CAYÓ A PIQUE

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Updated: octubre 18, 2016

Imaginate anotarte para estudiar una carrera universitaria, y estar cinco o seis años sacando tiempos desde donde no hay (porque mientras tanto hay que laburar para mantener a una familia) alternando entre trabajos prácticos, clases grupales, presentaciones, parciales, finales, trabajos de campo, y tantos etcéteras como se les ocurra a los profesores, y que al momento de tener que entregar la tesis correspondiente -paso previo indispensable para recibirte- te excuses diciéndole al encargado de recibirla, que vos la habías hecho pero te la olvidaste arriba del aparador y cuando llegaste a buscarla te diste cuenta de que Magallán -el perro de la de al lado- mordisqueó, una por una, las quichicientas hojas que daban fe de todo lo que sabías…

Suponete arrancar el operativo reconquista del amor de tu vida, tras haberte mandado la cagada del milenio, y luego de morder el polvo durante semanas y semanas de indiferencia, gritos y puteadas, lograr torcer el destino, haciéndole entender que no hay nada más importante para vos que el brillo de sus ojos al despertar, y remar en cemento fresco hasta que se digne a darte una nueva chance, la que jurás será la definitiva -porque nada ni nadie los separará desde ese instante- al momento de darle ese beso que marca el kilómetro cero del resto de tu vida, se te escape el sobrenombre de La Otra…

La derrota del domingo duele. El Más Campeón cayó a pique.

Flaco favor haríamos, creo, si buscáramos únicamente por lo brindado en el verde césped, las causas del regreso con las manos vacías del terruño de Valeria Mazza.

River empezó ganando y evidenció momentos de superioridad futbolística -no tanto de buen fútbol- ante un Patronato que no daba muestras de poder equiparar fuerzas. Atribuir el desmanejo del partido a la escasa pericia a la hora de la definición, sería una visión tan sesgada como la que se tiene si se supone que la derrota vino de la mano de un pique confusamente disputado a 70 metros del arco propio, tras el cual se discutieron tácitos acuerdos entre futbolistas -códigos que no se respetaron segundos antes cuando Batalla, golpeado, en lugar de tirarla afuera, enarboló una contra que El Más Campeón disputó con todos sus futbolistas, los mismos que no siguieron la jugada posterior al bote a tierra, la que desembocó en el segundo gol de los de Forestello…

River cayó a pique desde el momento en que no fue capaz de manejar el partido, con la ventaja a favor y ante un rival que no está a su altura. Ya al inicio del segundo tiempo, cuando el empate de los paranaenses estaba más cantado que la marcha peronista, en lugar de controlar el partido, manejándolo desde la tenencia y la inteligencia de jugar en el lugar adecuado -no desde la viveza, como aludieron posteriormente los conductores- los de la Banda emparejaron (para abajo) el juego, ante un voluntarioso contricante que aprovechó la oferta de la semana y se envalentonó.

Analizar si no se tendría que haber perdido, por lo realizado en los primeros “cuarentaicinco”, frente a un rival que no había estado ni cerca de ganar en lo que transcurre del Torneo, es otra manera de caer a pique.

A este Patronato, este River (no La Máquina, ni el Tricampeón del 79/80, ni el de Ramón del 96/97, este River) tiene que ganarle tranquilo, sin despeinarse, luciéndose y permitiendo que sus jugadores descansen con la pelota, pensando media hora antes de la finalización del partido, en el cotejo venidero.

De nada sirve, pasados dos días del cotejo, seguir pensando en qué hubiera pasado si tal o cual situación hubiera sido distinta. Solo queda capitalizar este golpazo, para transformarlo en aprendizaje y pensar de ahora en más, para que no nos vuelva a suceder. El Torneo está recién dando sus primeros pasos y todavía da revanchas. Pero la Copa Argentina (que es el verdadero objetivo de esta parte del año), no.

A pensar en lo que viene, a manejar cada uno de los momentos de los partidos, a cambiar de esquema cuando sea necesario (el mediocampo sin volantes por los costados es una invitación permanente a que nos ataquen con pelotas cruzadas, que nos duelen como puñaladas) y a disputar los piques, sin cancherearlos ni desentendiéndose de la jugada, peleando esa pelota como fuera la última, como hacían aquellos grandes jugadores de otros tiempos…

Que la caída a pique no sea más que un resbalón que nos llene de bronca. Y que podamos usar esa bronca como trampolín, donde picar y saltar a la Gloria…

Por @LocoReCuerdo

 

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