LOS LOCOS (no) SIEMPRE DICEN LA VERDAD

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Updated: noviembre 22, 2016

Cada tanto me pasa, aunque ahora un poco menos frecuentemente que antes, cuando pibe: Me despierto sobresaltado, con la camiseta transpirada (como Mostaza, cuando el Beto y el Ocho se iban de gira al área contraria y quedaba más solo que el Chino Tapia en el Día del Amigo) y las sábanas más desordenadas que Mayada con el perfil cambiado, y cuando, angustiado, logro entender que todo se trató de una pesadilla, comienzo a intentar reconstruirla hasta llegar a la misma historia de siempre: sueño que estoy encerrado en un manicomio, donde mis compañeros se la pasan gritando que no están locos, cuentan historias que bien podrían ser ciertas aunque también podrían no serlo, y la mayoría viste inmaculados guardapolvos blancos, con vistoso bolígrafos prolijamente colgados del bolsillo superior.

Trato de identificarlos mediante sus semblantes, porque todos me parecen iguales, pero no logro dilucidar cuál de todos es el Doctor y quiénes los restantes pacientes disfrazados. Todos dicen lo mismo. Todos exclaman tener la cura para nuestros males. Todos tienen historias verosímiles para contar, historias que hilvanan algún correlato cierto aunque pueden ser trampas que nos tienden las solitarias mentes de quienes habitamos en tamaña lúgubre institución.

Por suerte, y dejando un final abierto, siempre me despierto antes de saber si me logro escapar o si pasaré la vida entera (o lo que dura la vida en ese sueño) en semejante depósito de gente herida, rodeado de enigmáticos colegas, quienes se caracterizan por ser los únicos que buscan obtener distintos resultados haciendo siempre lo mismo…
Es una cosa de locos!! Del mismo modo que muchas veces en los últimos tiempos, un alejado de la realidad River dejó en el camino puntos y ratos de buen juego en manos de un Ñuls que lo superó ampliamente.

Desde el comienzo mismo del cotejo se evidenció lo que viene siendo una desafortunada costumbre de las últimas contiendas: un equipo incapaz de generar las condiciones necesarias para hacerse dueño del desarrollo del juego, y del resultado.

Inexpresividad ofensiva, anemia creativa e irresolución a la hora de defender las dieciocho propias fueron un cóctel capaz de dejar al equipo más tirado que la segunda sesión de electroshock del Servicio 20 del José Tiburcio Borda, y de no haber sido por el muy buen partido (uno más) de Batalla, el tanteador se hubiera multiplicado, como se multiplican las dosis de melatonina y risperidona en esas noches que parece no tendrán día…

El futuro es incierto. La Copa Argentina debe ser tratada como un medio y no como un fin. Ganarla es uno de los objetivos que, como peldaños de una imaginaria escalera a la Gloria, debemos transitar uno a uno.

Pero si intentamos saltear alguno de esos escalones con el fin de llegar más rápido al objetivo, corremos el riesgo de caernos de trompa al barro. Y el primer escalón es el de volver a jugar bien al fútbol.

Estamos a tiempo. La autocrítica debe ser más que una oportuna (¿u oportunista?) declaración con el ceño fruncido a la hora de terminar de perder jugando mal. Hay que cambiar (recordemos que son los locos los únicos que esperan diferentes resultados haciendo siempre lo mismo…).

El esquema que utiliza Gallardo no está dando resultados (numéricos ni futbolísticos) y al equipo, cualquiera se le anima (hasta Sportivo Rivadavia de Venado Tuerto nos complicó, tirando pelotazos cruzados, en forma de puñales a las espaldas de los laterales, en este suicida 4-2-2-2).

Recuperar la confianza en nuestro juego es lo que nos permitirá volver a ser dueños de la situación. Hay que mirar un poco para adentro y no volver a cometer errores que tan caros nos están costando.

Dejemos la soberbia de lado. No olvidemos que los neuropsiquiátricos están llenos de pacientes que se creen Napoleón…

 

Por @LocoReCuerdo