MIRÁ QUÉ DISTINTOS SOMOS (CAPÍTULO MIL)

By
Updated: febrero 8, 2015

Como cada 8 de febrero, desde hace casi tres décadas, millones de imágenes se nos vienen a las retinas de las Millonadas Millonarias que fuimos felices testigos de una de las páginas doradas de la Historia de nuestro amado River Plate, en el último cincuentenario.

El 5-4 a la Selección de Polonia, y sobre todo, la dramática definición, con chilena incluida, del InmENZO Príncipe de los Ojos Saltones, cuando ya se jugaba tiempo adicionado (en aquel tiempo no existía el concepto Oficialista de Tiempo Recuperado), es uno de los caballitos de batalla de los cuarentones (en el mejor de los casos) fanáticos de El Más Campeón, a la hora de pararnos frente al que se nos ponga por delante, para argumentarles aquello de que “Somos los número 1, no solo por ser Mejores, sino, especialmente, por ser Distintos a los demás”.

Lo que empezó siendo un mero amistoso de verano (en épocas en las que el Torneo Estival se disputaba a la par con el Campeonato de Primera División) terminó siendo una declaración de principios, y, sin exagerar, la piedra fundamental, para la edificación de un año Inolvidable, como ciertamente lo fue aquel lejano, pero tan cercano a nuestros afectos, 1986.

Del partido, poco para decir. Y de la definición de la chilena del Uruguayo, que quedó COLGADA EN LA HISTORIA, solamente repetir, como cada vez, la emoción de haber sido testigo (aunque más no sea, a través de una vieja radio portátil).

A quienes no hayan tenido la suerte de haber vivido esa mágica noche, les sugiero que busquen las imágenes en cualquier portal, que consigan recortes de ediciones periodísticas de la época, o, si no les queda otro remedio, que lean aquello que escribí respecto de esa noche que ojalá nunca hubiera terminado. (COLGADA EN LA HISTORIA)

Pero, más allá de haber sido parte, o no, de esa noche que quedará grabada en los corazones de quienes llevamos la Banda Roja tatuada en el pecho, les recomiendo entender cuál fue el verdadero contexto en que se realizó una hazaña futbolística de semejante envergadura (con perdón de la palabra).

Al ser el año 1986 un año con el calendario futbolístico acotado (por el inminente Mundial de México), el Torneo de Primera División 1985/86 debió reanudarse con anterioridad, tras el parate obligado por las fiestas, y a mediados de enero El Más Grande volvió a las andadas, sorteando paradas difíciles (recuerdo bravas victorias, en calidad de visitante, ante San Lorenzo e Independiente).

Mientras se desarrollaba el Torneo, el Plantel viajaba, entre semana, a la Perla del Atlántico, a disputar los partidos que al igual que ahora eran televisados hacia todo el país, y que en la mayoría de las ocasiones entregaban partidos bien jugados, y con mucha intensidad.

River, puntero del Torneo, enfrentó a la selección europea con su equipo titular, y le jugó de igual a igual, al punto que el cotejo terminó con tres jugadores expulsados.

Los polacos, quienes tardaron en hacer pie, remontaron una doble desventaja, y a mediados del segundo tiempo se pusieron 4-2, en un resultado que avizoraba una noche difícil para los del Bambino Veira, quien, jugado por jugado, y aprovechando la superioridad numérica en sus jugadores (habían echado a Cacho Borelli y a los dos centrales polacos) efectuó un par de variantes que no hicieron más que descubrir las cartas con que contaba: a la cancha Villazán (habilidoso y discontinuo wing izquierdo) por el laborioso Roque Alfaro, e ingreso (creo que debutando con la Banda) del centroforward que tantas alegrías continentales nos regaló pocos meses después, Ramón Miguel Centurión (que cargaba con la doble responsabilidad, por haber aterrizado, sin escalas, desde la vereda de enfrente), por el siempre rendidor marcador de punta Jorge Tapón Gordillo.

Sí, como leen!! En un amistoso, de esos que no ponían nada en juego (y a los que tantos técnicos y tantos Planteles, hoy en día, le dan la espalda) el blondo entrenador Millonario determinó que el equipo, en desventaja en el resultado, quedara parado con Pumpido; Héctor Enrique (tirado hacia la defensa, como un improvisado lateral-volante), Ruggeri, Montenegro; Gallego solo en la contención; el Beto Alonso y su Magia inoxidable, para frotar la lámpara en la mediacancha; y una delantera de 4 fantásticos: Amuchástegui de wing derecho, Centurión y Enzo (un tanto retrasado, para enhebrar fútbol con el Rey Mago de la 10) y Villazán de wing izquierdo.

La presión dio resultado. Un golazo, de zurda al ángulo, del Enzo entrando por el callejón izquierdo, dejó el juego 3-4 y con un aroma a Hazaña que tapaba a la fragancia a choripán que venía desde las bajo tribunas.

La Banda siguió presionando, y la insistencia tuvo su premio, cuando a un minuto del final, Centurión aseguró su lugar en la tapa de El Gráfico, al empatar en 4 un juego que sacaba patente de Partidazo de Todos los Tiempos…

Qué hubiera hecho el dt de cualquier equipo del Mundo, en ese momento? Seguramente, la mayoría hubiera aprovechado esa épica remontada, que servía para fortalecer anímicamente a un Grupo que tenía como mayor objetivo el de ser Campeón, para poder dar la Vuelta Olímpica que le venía siendo esquiva desde hacía 5 años, y que le permitiría clasificar a la (hasta ese momento) esquiva Copa Libertadores…

Rompiendo todos los manuales de conveniencia futbolera, el Bambino, con pocos minutos por jugarse (algunos segundos y lo que adicionara Abel Gnecco) mandó a sus jugadores a que siguieran atacando. Los mandó a ganar.

River siguió apretando a los sorprendidos polacos y forzó un tiro libre, a favor, desde el sector derecho.

Qué hubiera aconsejado la Cátedra de los que se las saben Todas, en ese momento? Que no la rifen, que la tengan en un costadito haciendo circular la pelota, ya que los polacos eran altos, y si llegaban a despejar la pelota, y agarraban mal parada a la defensa del que ataca bla bla bla bla…

Pero no!! Por suerte, no!! Porque esa es la diferencia entre los equipos comunes, los buenos equipos, y los Equipos (con mayúsculas) que quedan en la Historia (con mayúsculas también): los jugadores de River llegaron al área polaca a ganar el partido. A ganarse un lugar en la Historia. Solo quedaron Enrique y Montenegro para defender. Gallego y el Beto manejaron la pelota parada. El Tolo abrió para el Beto, y recuperó su lugar en la contención. El Beto ejecutó esa Sinfonía de Beethoven, hecha cambio de frente al área, y también corrió en dirección a las 18 del rival…

Corría el segundo minuto de descuento de un partido que, dramáticamente se le había remontado a una selección de fuste internacional (que, sin ir más lejos, iba a disputar el Mundial 5 meses después), y 6 jugadores invadían el área rival (Ruggeri, que ganó de cabeza para bajarla al medio, Centurión y Amuchástegui, que estaban tomados por defensas europeos, Enzo y Villazán que ingresaban desde la medialuna para evitar la marcación, y el Beto Alonso, quien luego de acariciarla con el guante zurdo, también llegaba a la zona de gol.

La definición es conocida, pero no por eso debemos dejarla pasar por alto: la Chilena del Enzo, en ese contexto, tal ves sea uno de los goles más bellos de los que hayamos sido testigos, pero en esta tarde plomiza, prefiero recordarlo como el gol que nos distingue de los demás.

La chilena del Enzo fue la más clara demostración de que poner huevos es lo diametralmente opuesto a pegar una patada, o tirarla de punta a la tribuna.

La chilena del Enzo es el kilómetro 0, el punto de partida de River al Mundo, en ese 1986 que nos llenó de Gloria, y nos sigue llenando de orgullo.

Pero, por sobre todas las cosas, la chilena del Enzo es lo que nos distingue de los demás, separando las agua entre quienes hubieran se hubieran enamorado (a primera vista) del empate, y quienes quisimos besar en la boca a la Gloria, yendo por una victoria que, mágicamente, conseguimos…

Por eso y por mucho más, una y mil veces: Mirá qué distintos Somos!!!

 

Para más publicaciones de nuestro amigo @LocoReCuerdo pueden visitar su Blog: unlocorecuerdo.blogspot.com.ar/